La dolorosa gota

Don Esteban se despertó en la madrugada con un intenso dolor en el dedo gordo del pie. Sentía que hasta las sábanas le quemaban y al encender la luz observó los típicos signos de inflamación que en otras oportunidades lo habían llevado al médico de urgencia. Como en otras oportunidades, tuvo que reconocer que había estado haciendo algunas “travesuras” con su ingesta y, por su cuenta, había aumentado su dosis de diuréticos, en un intento de reducir la presión arterial, que se había “disparado” los días previos.Cualquiera que haya leído las biografías de personajes o escritores famosos del siglo XVII o tal vez antes ha tomado conocimiento de una afección en la actualidad no tan popular. Se trata de la gota. Este padecimiento que se expresa habitualmente por una inflamación del dedo gordo del pie, que aparece de manera súbita y sin razón aparente, es un trastorno metabólico que tiene al dolor como uno de sus principales protagonistas.

dolor de gota

La naturaleza de la gota

La gota es una enfermedad (algunos lo consideran como un espectro de afecciones) consistente en una patología inflamatoria que tiene lugar como consecuencia del depósito de cristales de ácido úrico en las articulaciones y los tejidos que las circundan. Para que se depositen estos cristales existe una condición indispensable: que se eleven los valores sanguíneos de ácido úrico.

El ácido úrico es una sustancia formada como producto de la metabolización (degradación) de la purinas; éstas forman parte de todas las células y se encuentran además en ciertos alimentos. Habitualmente, el ácido úrico circula en la sangre y se elimina por medio de la orina. Las circunstancias que hacen que el ácido úrico se eleve en la sangre son básicamente 2:

  • Elaboración exagerada de ácido úrico por parte del organismo

Problemas en la eliminación renal 

Sea por uno u otro mecanismo, la consecuencia final es la acumulación de ácido úrico en la sangre, lo cual se conoce como hiperuricemia; ese ácido úrico en exceso forma pequeñísimos cristales que no sólo pueden depositarse en las articulaciones sino que también pueden hacerlo en los riñones. En estos casos, son los responsables de los llamados cálculos renales.Suele ser más frecuente en hombres que en mujeres y generalmente se presenta por primera vez en la mediana edad. Si bien se describen familias en las que este padecimiento se presenta con mayor frecuencia, la gota se asocia con hipertensión arterial (elevación de la presión arterial), diabetes o elevados niveles de colesterol o triglicéridos. En estos casos, se suele hablar de síndrome metabólico porque existiría un trastorno del metabolismo no sólo de las purinas o proteínas sino también de las grasas y de la glucosa sanguínea.También pueden presentarse en personas con exceso de peso corporal, consumidores de bebidas alcohólicas en cantidades importantes (sobre todo, vino y cerveza) y con el empleo de ciertos medicamentos (por ejemplo, diuréticos o aspirinas).

En casos menos frecuentes, el consumo reiterado y excesivo de alimentos con alto contenido en purinas puede desencadenar ataques de gota, pero esto ocurre habitualmente en personas predispuestas a ella. Se trata, por ejemplo, de productos tales como hígado, anchoas, legumbres secas, o extracto de carne.

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